Las sanciones al níquel ruso frenan al coche eléctrico

Las sanciones al níquel ruso podrían retrasar la adopción del vehículo eléctrico en Europa. Así lo pone de manifiesto la consultora Global Data, que afirma que la consecuencia de estas medidas solo se traducirá en una mayor dependencia del petróleo del país durante más tiempo.

En 2021, Rusia fue el tercer mayor productor de níquel del mundo, con más de 200.000 toneladas. De momento, el mercado de las baterías del vehículo eléctrico es comparativamente incipiente, tanto en tiempo como en volumen, frente al más intensivo: el siderúrgico. Por ponerlo en referencia suponen, respectivamente, un 5% y un 70% de la producción mundial.

Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, el precio del níquel en el mercado internacional se ha duplicado hasta alcanzar, el viernes 11, los 43.000 dólares por tonelada.

Sin embargo, la construcción de las baterías está previsto que alcance un 35% de cara al año 2030, dado que varios de los principales fabricantes del automóvil se han marcado ese horizonte para transformar sus gamas en cero emisiones, con ejemplos como Ford, Mercedes-Benz, Renault o Stellantis.

Otra de las prioridades de los constructores del automóvil es la de hallar una composición química diferente para sus acumuladores. La predominante en el mercado es una mezcla de níquel, cobalto y manganeso (NCM), aunque Tesla, por ejemplo, usa níquel, cobalto y aluminio (NCA).

Originalmente, la proporción era equitativa entre las tres (1-1-1), aunque se están probando otras con mayor presencia del elemento en los cátodos, como 6-2-2, 5-3-2 o incluso 8-1-1. Su principal función es la de brindar mayor densidad energética, permitiéndole al vehículo una mayor autonomía con el mismo peso.

Por esto, la calidad del metal que requiere la industria es la denominada Clase I, con un mínimo de 98,8% de pureza. Ahora mismo, encontrarlo con esta concentración solo es posible a través de sulfuros de níquel (NiS), de los cuales ha habido pocos descubrimientos de nuevas menas en la última década, según Standard & Poors.

Para Daniel Clarke, uno de los analistas de Global Data, «los costes extra que supone el conflicto ruso-ucraniano se verán repercutidos en algún lugar de la cadena, ya sea en los fabricantes o en el cliente final».

Las sanciones a Rusia podrían significar una oportunidad para otras potencias, particularmente China, que podrá aprovechar las tasas europeas y comprar la oferta rusa a un precio menor. «Esto solo se traduciría en una posición aún más fuerte de China en la cadena de valor global del vehículo eléctrico», afirma Clarke.

Por otra parte, este vacío productivo ruso en el mercado global permitiría que otros países productores, como Indonesia o Filipinas, cobren más relevancia en el suministro de níquel global.

Una de las consecuencias negativas de esta decisión, sin embargo, sería la de aumentar la huella de carbono en el ‘well-to-wheel’, uno de los factores a los que cada vez prestan más atención los fabricantes de Europa, buscando la neutralidad de carbono de cara a 2050.

Fuente: abc.es